El martes 14 de noviembre tuvimos el segundo encuentro de Libroforum de este curso. "Los restos del día", del reciente Premio Nobel de Literatura Kazuo Ishiguro despertó el eterno debate: ¿vivir para trabajar o trabajar para vivir?

Como nos pasa siempre, ha sido una reunión enriquecedora y muy positiva. Hemos extraído muchas ideas y algunas controversias con la historia, contada por él mismo, de un mayordomo inglés de la primera mitad del siglo XX. Una vida entregada al trabajo hasta las últimas consecuencias: la despersonalización propia y la perdida del tiempo y el espacio individual del protagonista. Es una novela triste, en eso hemos coincidido. La narración del Sr. Stevens, sin más nombre ni seña personal, nos iba calando como lectores, impregnándonos de la melancolía y la derrota de una vida gris cuyo lema era, solitaria y desoladamente, "vivir para trabajar", sin más esperanza ni recompensa que la que tendría una máquina sin corazón en manos de un usuario cualquiera. Existe cuando lo necesitan, desaparece cuando no es útil y su mayor virtud es la de "no ser" y no hacerse notar. Muy triste. 
Hemos estado de acuerdo también en la belleza del estilo del escritor. La sutilidad con que se cuenta lo que no se cuenta: la lectura subterránea que comprendemos enseguida de los sentimientos secretos, revelados en un estallido angustioso de 7 palabras "Sentí que se me partía el corazón" que le costó 250 páginas y una vida entera comprender. 
Y algunas otras cosas más en un viaje tan iniciático como concluyente. En un atardecer cualquiera, lejos de la que nunca fue su casa ni su vida, descubre que lo mejor del día es el final. La noche. Los restos de la jornada cuando uno se encuentra consigo mismo y con los demás; comenta cómo le han ido las cosas, toma una taza de chocolate caliente con alguien que ama, lee su libro preferido y disfruta feliz y tranquilo del resto de su vida hasta la mañana siguiente en que volverá a "trabajar para vivir". En ese orden. 
Nosotros lo sabemos, por eso encontramos ese "resto" delicioso del libroforum. Sabemos que la lectura, la amistad y el rato compartido de todo eso es una de las mejores cosas de ese día. Kazuo Ishiguro merecía ese Nobel por contarlo y nosotras por practicarlo. Así de sencillo, Sr. Stevens...

Paki, participante del Libroforum.