Sáb, 26/09/2015 - 10:56 h. miguel.salamanca

La historia de nuestro colegio, Sagrada Familia de Urgell, es la de muchos otros centros educativos que, desde unas señas de identidad claras y fuertes, abrieron sus puertas en tiempos difíciles. Tiempos en que la educación era un bien necesario que se abría paso entre el analfabetismo, el crecimiento económico y el adiós a la posguerra.

Las religiosas de la Sagrada Familia de Urgell, sintonizando con el impulso renovador del Concilio Vaticano II, decidieron buscar un lugar donde el mensaje de Jesús necesitara oírse en su expresión más liberadora. Y más humilde. Y más esperanzada.

Con las capillas bien ventiladas por el Viento que sopló entonces, y tras unos años de toma de contacto con el barrio de Palomeras, en Puente de Vallecas, en 1961 la comunidad de religiosas colocó la primera piedra  del colegio en la Avenida de Palomeras 88. El objetivo: construir un colegio de Enseñanza Primaria en Vallecas para aportar formación humana y cristiana en esta zona entonces tan deprimida.

Años de barro en las calles, de lucha por salir adelante y de mucho reconocimiento a estas mujeres, inspiradas por su fundadora, la Beata Ana Mª Janer.  Al abrir, 350 alumnas reciben formación gratuitamente, y se abre un internado apostólico.

Las profesoras de entonces trabajan hombro con hombro con las religiosas, forjándose una conciencia que cinco décadas después nos define como colegio: la responsabilidad es de todos. Queremos hacer de este centro el mejor instrumento al servicio de la infancia y la juventud vallecanas, y de su crecimiento pleno.

La realidad social obligaba a trabajar a muchas de las alumnas mientras se formaban. Por esa razón, hacia 1966 ya se impartían clases de Enseñanza Media en régimen nocturno. En ese curso, nuestro colegio se convierte en la Sección Filial número 4 del Instituto Isabel la Católica.  Se construye una segunda fase del colegio para albergar estos niveles de enseñanza.

Llegan los 70, una década de grandes cambios. Una sociedad en transformación requería instituciones educativas capaces de madurar también con el tiempo. El colegio se preparaba para seguir creciendo. Pronto se empezó a gestar la adquisición de unos terrenos contiguos al colegio de entonces. Transcurrieron muchísimos años desde que se empezó a trabajar en ese sentido hasta que se pudo colocar la primera piedra de esa segunda ampliación.

Entre tanto, el fin de la dictadura y el nacimiento de la democracia. Momentos convulsos que permitieron poner a prueba la los cimientos profundos del proyecto educativo. ¿Qué educar y qué enseñar? ¿Qué conocimientos necesitarán estas niñas cuando sean adultas en plena democracia? ¿Qué aportación hemos de hacer como centro educativo católico? Años en que, con la misma naturalidad se celebraban primeras comuniones en el colegio, mítines de los recién creados partidos políticos, reuniones de vecinos, o encuentros deportivos que ofrecían una alternativa saludable a la calle, tan azotada por la droga.

Pasan los años y en 1995, comienzan las obras en los nuevos terrenos. Tras su inauguración, el Ayuntamiento de Madrid honra la memoria de Ana Mª Janer, poniéndole su nombre a la plaza que hay frente al colegio. Un reconocimiento que es como un abrazo: del barrio a las religiosas, de las familias a los profesores, de la ciudad a la fundadora, de todos los partidos políticos entre sí, que asisten al acto de inauguración. Las niñas y los niños (el colegio era mixto desde 1984) asisten a este inolvidable acto.

Y después, seguir creciendo: reformas educativas, legislativas, organizativas. Las generaciones de alumnos cambian cada vez más rápido, y los medios y los métodos han de evolucionar para conseguir prepararles para el futuro que ya está aquí, con sus incertidumbres, pero cargado de esperanza. Y siempre con el mismo espíritu, el de la caridad hecha servicio; el de amar a Jesucristo en la persona que tenemos al lado. Más de cincuenta años abriendo puertas. Puertas de entrada al colegio, por las que han pasado muchas generaciones; puertas de salida al mundo que espera ciudadanos capaces de reinventar la realidad, de transformar el mundo, de hacerlo nuevo.

LAS FOTOGRAFÍAS MOSTRADAS SON PARTE DE LA EXPOSICIÓN QUE SE CELEBRÓ EN EL COLEGIO CON MOTIVO DEL L ANIVERSARIO